Singapur, la Suiza de Oriente


Famosa por ser uno de los paraísos de las compras, sobre todo de aparatos electrónicos, Singapur ofrece también la posibilidad de encontrar de un modo tranquilo (en un territorio de reducidas dimensiones) representaciones de las grandes culturas asiáticas.
En la estruendosa calle de Chinatown, adivinos, escritores y fervientes devotos forman parte de su día a día. En Little India se pueden comprar los mejores tejidos para saris, especias frescas molidas, o un retrato de cualquier dios hindú. En las tiendas de Arab Street se puede oír la llamada del muecín, proveniente de la cercana Mezquita del Sultán. Gracias al tráfico del opio y a la actividad de los pescadores de perlas, Singapur ha podido realizar sus rascacielos de vidrio y cemento y pasar de su vaporosa imagen de ciudad atravesada por los rickshaws a la actual, modelo de modernidad y eficiencia, con calles perfectamente limpias. Sin embargo, aún es posible encontrar el sabor del periodo colonial, con un Singapur Sling degustado en el Raffles Hotel.
A primera vista, Singapur aparece sorprendentemente moderna, pero si trata, sin ninguna duda, de una ciudad asiática, donde las tradiciones chinas, malasias e indias, desde el feng shui al culto de las aves, son parte integrante del paisaje cotidiano, contrastes richos de colores que dan vida a la ciudad.

Singapur es una isla-estado del sudeste asiático, a menudo usada como escala técnica para quien se dirige hacia otros destinos, como Bali, Malasia, Indonesia o la lejana Australia. Los grandes centros comerciales de Orchard Road, abiertos hasta la noche, son una parada turísitica obligada, incluso para los que pasan solamente pocas horas.
Singapur tiene mucho que ofrecer. Dado que el verano, muy húmedo, dura 365 días y que, al ser una isla, se puede ir a la playa casi siempre (menos en invierno, cuando llega el monzón). Las mejores playas están en la isla de Sentosa, conectada por un sugestivo funicular, desde el cual se puede disfrutar de unas vistas espectaculares del puerto (Marina Bay) y de los rascacielos del Business District. Además se pueden encontrar muchas otras atracciones, como el Underwater World, un inmenso y sugestivo parque maríno con muchísimas especies raras. Lo mejor de Singapur (como la llaman ellos) la Suiza de Oriente (como la llamamos nosotros) por la limpieza (son famosas las multas a partir de 500 dólares a quien tira cualquier sola al suelo) y la meticulosidad de la organizazión ciudadana, es la perfecta convivencia de elementos opuestos: los modernos rascacielos con edificios coloniales que recuerdan la dominación inglesa y holandesa, el tradicional barrio de Chinatown de estilo mandarín (no lo llamamos chino, para que no se ofendan) con los numerosos templos. Existe un absoluto equilibrio entre el cemento de las calles y de los palacios y el verde de la ciudad. Lo que llama la atención al turista que visita la ciudad es precisamente la cantidad de flores (entre ellas, las orquídeas, uno de los símbolos de Singapur) y plantas que se ven por todos los sitios. A quien le gusten las ciudades modernas, encontrará una infinidad de lugares interesantes (no hay que perdeser la visita al aeropuerto, al metro y a los rascacielos, y también muchas referencias a las culturas orientales, malasia, indonesa, china, india, que son un componente muy importante de la isla.
